Monday, November 25, 2013

Soneto de amor XLVIII

Con cuánto esmero puse a buen recaudo
las cosas más triviales al marcharme,
dejándolas a salvo de falsarios,
intactas para cuando regresase.
Mas tú, que vuelves nimias mis alhajas,
que fuiste paz y hoy eres mi zozobra,
al irme, serás presa codiciada
de todo malhechor de baja estofa.
A ti no te he encerrado en otro arcón
que aquel donde no estás, aunque tu sitio
esté muy dentro de mi corazón,
del cual vienes y vas a tu capricho.
Me temo que de allí también te roben:
contigo hasta los justos son ladrones.

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