Monday, November 25, 2013

Soneto de amor LVIII

El mismo dios que me hizo ser tu esclavo
prohibió que mida el tiempo de tus goces
o inquiera si computas esos ratos.
¡Soy tu vasallo: cumplo y tú dispones!
Oh, déjame que, a tu servicio, sufra
tu libertad ausente, que es mi cárcel
y, lejos de acusarte a ti de injuria,
soporte con paciencia tus desplantes.
Ve donde quieras que, con tanta venia,
podrás beneficiarte a tu albedrío
y a tiempo entero: tienes la licencia
de perdonarte el crimen cometido.
Yo espero, aunque la espera sea un infierno,
sin cuestionar tu goce, malo o bueno.

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