Wednesday, February 25, 2015

Soneto de amor XCIII (93)

He de vivir así, como el esposo
burlado que tolera tus embustes
y cree ver amor en ese rostro
que, ausente el corazón, aún me confunde.
Pues como nunca hay odio en tu mirada
no encuentro allí señal de que has cambiado.
Lo que otros corazones falsos callan
acaba escrito en muecas, gestos, trazos;
en ti parece haber mandado el cielo
que siempre hubiera amor en tu semblante
y nunca el corazón o el pensamiento
alteren la dulzura que repartes.
Es como si el fruto de Eva tu belleza, 
que luce sin mostrarnos lo que encierra.

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