Tuesday, December 3, 2013

Soneto de amor LXXII

Olvídame, no vaya a ser que el mundo
te pida que recites lo que en vida
mostré de bueno para que, difunto,
me quieras aún, pues nada encontrarías,
a menos que repares mis carencias
y, a fuerza de mentir virtuosamente,
me otorgues los halagos que me niega
la cruda realidad hasta en la muerte.
Mi nombre ha de yacer junto a mi cuerpo
en vez de seguir vivo y mancillarnos,
no vaya a ser que al fin tu amor sincero,
si ha de mentir por mí, parezca falso.
Mi oprobio es lo que pongo por delante;
el tuyo, amar aquello que no vale.

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