Monday, March 9, 2015

Soneto de amor CXXVIII (128)

Cuando pulsas, mi música, el teclado 
Con la danza aleteante de tus dedos 
Y le arrancas con grácil movimiento 
Acordes que seducen mis oídos, 
Envidio a los listones que dan brincos 
Por besarte la palma de la mano, 
Y la audacia de la madera inerte 
A mis tímidos labios ruboriza. 
Por esa sensación se trocarían 
En las teclas que rozas con dulzura, 
Dando airosamente al leño muerto 
Lo que a labios vivientes has negado. 
Si tus dedos los hacen tan dichosos, 
Dáselos, y a mí dame tus labios. 

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